A Sofía la despertó el timbre del teléfono directo que tenían en la habitación. Atendió sumergida en la bruma del sueño de la cual la sacó la enérgica voz de Susana:
-¡Sofía! ¿Qué pasa que Celina no me llama desde hace dos días? -ni se tomó el trabajo de saludarla.
-Buen día, Susana. ¿Cómo está el tiempo por Rosario? -si la desconcertaba, le daría tiempo de inventar alguna excusa.
Se hizo un breve silencio. Luego:
-Buen día, Sofía. Perdoná mi ansiedad. Es que mi hija prometió hablarme todos los días. Pasan cosas tan terribles, y encima, adonde están…
La joven reparó en que llovía torrencialmente a través del ventanal.
-Quedate tranquila, Susi. La gimnasta se levantó temprano y ya debe haber dado dos vueltas por el campo. Estamos bien y disfrutando de este lugar encantador. Los peligros están en la ciudad, ma. Aquí no pasa nada -cruzó los dedos para invalidar la mentira.
-Voy a creerte. De cualquier manera, decile que me llame apenas vuelva. No te olvides, ¿eh?
-¡No, mamacita! ¿Vos estás bien?
-Soportando el calor, pero bien.
Se despidieron y Sofía se duchó y se cambió en tiempo record. Supuso que Celina podría hablarle a su madre desde el hospital. Cuando estuvo lista, bajó al familiar punto de encuentro. En ese horario, Diana, Walter y Andrés ocupaban la mesa de desayuno. Saludó a todos, incluida Rayén, y se sentó. Tenía la sensación de no haber comido en mucho tiempo y atacó con ganas las delicias caseras de la servidora. Mientras consumía el desayuno, consultó por su amiga:
-¿Tienen alguna noticia de Celina?
-Hace un rato hablé con Esteban y me dijo que le había dado de alta -contestó Walter.
-¿Entonces vendrá para acá?
El médico cruzó una mirada con su esposa.
-No creo que hoy -contestó al fin.
-¿Se puede saber por qué? -insistió Sofía.
-Porque parece que René la raptó -contestó Diana con sarcasmo.
La joven la fulminó con la mirada y se levantó bruscamente. “¡La odio!”, pensó, y volvió a su cuarto para comunicarse con un interlocutor más gentil. Llamó a la clínica y la secretaria le confirmó que su amiga se había retirado con el estanciero. No vale, Cel. Me dejás sola en compañía de esta arpía. ¿Qué voy a hacer en este lugar donde nadie se interesa por mí? Me voy a aburrir a muerte. Me vuelvo a Rosario. Pero tu madre me va a volver loca si regreso sin vos. ¿Adónde te llevó René? ¿Fue contra tu voluntad? Soy una necia. Lo seguirías hasta el fin del mundo. Tengo que saber de vos.
Interrumpió su monólogo para comunicarse con Javier, su incondicional partidario.
-¡Javier! Llamé al hospital y me dijeron que Celina se fue con René, pero nadie sabe decirme adónde está… -su voz transmitía urgencia.
-Ah, sí. Tranquilizate que René me dejó una nota. ¿Querés venir al hotel? Te invito a almorzar y de paso hablamos.
-Voy ahora -contestó con determinación.
Se despidieron y Sofía salió a buscar a alguien que la llevara. Un peón convocado por Rayén la alcanzó en la camioneta. Esperó a que Javier se desocupara en la misma mesa -hacía un siglo para su memoria- adonde se había sentado con René. Aceptó el café y la torta que le mandó el conserje para amenizar la espera, mientras trataba de poner orden en sus pensamientos tan caóticos como el temporal exterior.
Preparamos un viaje minucioso como siempre quiso Celina. Desde el vamos se alteró su orden perfecto. ¿Obra de la casualidad o había una causalidad que dirigió los acontecimientos hacia un desenlace establecido? Como dicen por aquí: estaba escrito el encuentro de Celina y René a través del micro accidentado, su sensibilidad, mi cobardía. Si ella no se hubiera bajado, si yo no hubiera hablado, si… Pero ¿qué digo? El destino se aseguró por varios flancos del resultado. Reunirse en el momento adecuado, cuando el presente confronta imbatible con las experiencias vividas… ¿Que la mujer viva en una gran ciudad? ¿Que el hombre esté en un pueblito perdido a miles de kilómetros? Nada será imposible cuando deban cruzarse. Me recuerda al poema de las tres hermanas: “Éramos tres hermanas/ dijo una /vendrá el amor con la primera estrella/ vino la muerte y nos dejó sin ella/ éramos dos hermanas/ dijo una/ vendrá la muerte y quedarás tú sola/ pero el amor llevola/ yo clamaba/ yo clamo/ ¡amor o muerte, amor o muerte quiero!/ y todavía espero.” Siempre me puso muy triste la incertidumbre de la tercera hermana, como si su vida careciera de significado. A veces me identifico con ella en la espera desanimada. ¿Cuándo será mi tiempo de encuentro y adónde? Con la suerte que tengo, dentro de veinte años y en la Quiaca…
La presencia de Javier detuvo su meditación. La saludó con un beso en la mejilla y se sentó enfrente.
-Perdón por la espera. Tenía que terminar algunas tareas urgentes.
-Te perdono si me das alguna noticia de mi amiga -dijo truculenta.
-René la fue a buscar a primera hora y entiendo que la llevó a su departamento.
-¿Qué departamento? -dijo sorprendida.
-Uno que tiene en el centro. Será para evitar más contratiempos… -manifestó con expresión cándida.
La joven entrecerró los ojos y le espetó:
-¡Sí que lo creo! Podría haberla encerrado en nuestra habitación. Pero allí estaba Sofía para fastidiar…
Javier largó la carcajada. Le tomó una mano y la reprendió con afecto:
-Que no se diga que una evolucionada muchacha de la gran ciudad descalifica a un campesino enamorado…
-¡Yo no llamé campesino a René! Los calificativos corren por tu cuenta -respondió huraña.
-¿Lo de enamorado también…?
-Eso es vox pópuli -aceptó Sofía, y agregó:- No estoy en contra de la felicidad de mi amiga, pero han pasado tantas cosas en poco tiempo, cosas que han puesto en riesgo su vida, que tiemblo cuando no sé dónde está.
Javier la miró con una serenidad que logró apaciguarla y su razonamiento afianzó la mirada:
-¿Vos creés que estará más segura en nuestra compañía que en la de René? Desde que lo conozco nunca lo ví tan absorto en una mujer, y no porque le faltaran. Está realmente enamorado de Celina y pondrá el mundo patas arriba para conservarla.
Sofía suspiró y dirigió una mirada desvalida hacia Julián. Él volvió a tomarle la mano y se la apretó consoladoramente.
-Como dicen vulgarmente: no perderás una amiga sino que ganarás un amigo. Creeme que el mejor, porque René dará la vida por la felicidad de Celina.
-Vas a pensar que estoy celosa… Pero no es fácil encontrar una persona tan desinteresada como ella. Me voy a sentir perdida si tengo que volver a la ciudad sola.
-¿Y por qué no radicarte aquí? Hay muchas posibilidades para una hermosa muchacha como vos…
A Sofía la propuesta le sonó intencionada. Miró francamente a Javier y a pesar de su apostura no le provocó el aviso de predestinación. Bajó los ojos para responder:
-Soy demasiado holgazana para congeniar con la naturaleza y renunciar a las luces de la metrópoli. Pero supongo que vendré con frecuencia a visitarla.
Javier, que no tenía un pelo de tonto, aceptó con hidalguía la negativa implícita y se conformó con presentar batalla en el futuro. Por un momento callaron y se concentraron en la tormenta.
-¿Cuándo creés que van a volver? -preguntó Sofía.
-Cuando se cansen de estar a solas -respondió Julián sonriendo.
-Entonces, nunca -aseguró plenamente convencida.

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