jueves 12 de enero de 2012

AGENCIA DE ACOMPAÑANTES - 39


Sandra entreabrió la puerta del dormitorio que compartía con Romina y la vio delante del tocador a punto de maquillarse. Estaba deslumbrante con su vestido blanco con arabescos negros. La falda asimétrica rozaba sus sandalias de alto tacón y descubría a los costados buena parte de sus esbeltas piernas. Se miraron a través del espejo. Romi, sin volverse, casi suplicó:
-Decime que no te defraudó y que es el amor de tu vida…
Sandra se acercó a su amiga y le sonrió a la imagen reflejada.
-Todo eso y mucho más. ¿Conforme? -declaró con cariño.
Romina se volvió y la encerró en un abrazo impetuoso. Ella emitió una risa dichosa y ocultó su cara arrebolada en el hombro de la hermana de Luciano. Se apartaron con los ojos brillantes de alegría.
-No podría ambicionar mejor compañera para Lucho porque te conozco y lo conozco. ¡No sabés cuánto deseaba que congeniaran! 
-Bueno. Es sólo un comienzo, Romi. Vivamos el presente, ¿sí?
-Sí, querida desconfiada. No te incomodo más. Ponete tu hermoso vestido así le quemás definitivamente los sesos a mi hermano.
-¿Esa es una muestra de amor fraternal? -ironizó Sandra.
-Es el golpe definitivo para ser inolvidable. Porque no soportaría otra cuñada que no fueras vos -gimoteó Romina.
-¡Romi…!  -rió Sandra.- Sos una chiflada. Admitiendo tu hipótesis, otro que se va a quemar los sesos cuando te vea con esta ropa es Mike.
-Es lo que pretendo, amiga. -Y agregó con tonito guasón:- Supongo que ya estás bañada…
-Así es -contestó Sandra sin inmutarse.- Me voy a cambiar.
Se despojó de las prendas que traía puestas, eligió una pequeña bombacha de encaje negro y  sacó el vestido de la caja. Cuando terminó de ajustarlo al cuerpo, se observó en el cristal de la cómoda con detenimiento. Sus brazos y piernas ostentaban los arañazos y moretones productos del escape del día anterior. Los disimuló con un poco de maquillaje y terminó el arreglo coloreando levemente sus labios. Se perfumó y le solicitó a Romi:
-Ahora tendrás que prestarme alguna pulsera para completar mi atuendo.
Su amiga abrió un estuche y sacó un brazalete dorado con flores de strass.
-Creo que es el complemento ideal para tu vestido -dijo tendiéndoselo.
Sandra lo ajustó a su antebrazo y coincidió con la apreciación de Romina, quien le ofreció la tobillera con el mismo diseño. Ella sonrió y levantó la pierna para que Romi la colocara alrededor de su tobillo. Se echó una última mirada y pensó que bien podía presumir de ser una princesa exótica con esa vestimenta.
-Estás arrebatadora -dijo su amiga con entusiasmo.
Un golpe en la puerta interrumpió el intercambio. Eran Luisa y Leonor que venían a buscarlas. Las mujeres, vestidas con elegancia, miraron con beneplácito a las dos bellas jóvenes. Ambas las saludaron con un beso y la cumpleañera acotó:
-Abajo hay dos hombres impacientes que están esperando a sus novias. Será mejor que bajen y les calmen la ansiedad.
Las chicas asintieron risueñas. Sandra la empujó a Romina.
-Bajá vos primera -le pidió.
Romi le dedicó una mirada burlona y arrancó hacia la puerta. Al llegar a lo alto de la escalera pudieron ver a Mike y Luciano, trajeados y en actitud expectante. Rafael, Braulio y algunos invitados conversaban en el salón. Cuando Romina comenzó a bajar, el rostro de Michael se iluminó. Lucho sonrió a su hermana pero sus ojos se dispararon en busca de Sandra. Miró deslumbrado a la bella mujer que bajaba detrás de Romi con el porte de una reina. Es mía. Hace unas horas nos amamos y la tuve gritando de placer entre mis brazos. No puedo ya pensar la vida sin ella, sin besarla, sin entrar dentro de su exquisito cuerpo. Me la llevaría a mi casa ahora mismo. Será tan larga la noche… Se adelantó al pie de la escalera para ofrecerle su mano cuando bajaba los últimos peldaños. Se miraron con la complicidad de la pasión compartida y no resistieron el deseo de acercarse. Luciano la atrajo hacia su cuerpo y la abrazó y besó con suavidad.
-Estás para comerte… -le susurró bajamente.- Se me va a hacer eterno el momento de estar a solas.
Sandra rió estremecida y se separó del cuerpo del hombre conciente de ser el centro de las miradas. Aún se sonrojaba delante de aquellos que -presumía- imaginaban el voluptuoso contacto que tenía con Luciano. Y eso es porque vos lo deseás tanto como él. Lo que te avergüenza es la lujuria de tu pensamiento, el recuerdo de sus caricias y de tu cuerpo desnudo respondiendo con excitación a su reclamo. Y la innegable sintonía con el ansia recién expresada de volver a estar a solas. ¿Cuándo vas a crecer y deponer los viejos tabúes que tan sabiamente te transmitió tu madre? ¡Ja! Haz lo que yo digo y no lo que yo hago. Vos sí, mamita, que no te privaste del sexo. Aún a costa de exponer a tu hijita al apetito de tus amantes. Pero fuiste buena maestra, porque me colmaste de tantas aprensiones que fui la mejor guardiana de mi cuerpo. Sí. Creo que algo te debo agradecer. El que rechazara a los candidatos inadecuados para aguardar a este hombre que colma todas mis expectativas.
-De nuevo te fuiste, mi vida -la voz acariciadora de Lucho la volvió a la realidad.-  No te pierdas lejos de mí que quiero acompañarte adonde vayas.
Ella miró el rostro querido, conmocionada por su sensibilidad. Levantó la mano para acariciarle la mejilla y musitó:
-Estaba con vos en la cabaña…
El hombre atrapó su diestra para besarla y sus ojos la inundaron de promesas apasionadas. Luciano retomó el control para no desdibujar el festejo de Leonor. Apoyó la mano de Sandra sobre su antebrazo y ofreció el otro a la homenajeada:
-Esta noche no voy a permitir que me disputen el honor de escoltar a tan encantadoras damas -declaró con una sonrisa seductora y abrió la marcha hacia el patio engalanado para el festejo.
Sus padres, Braulio, Romina con Mike, y los demás ocupantes de la estancia los siguieron y se acomodaron en los sitios designados para cada uno. Con la mesa principal completa, comenzaron a servir los distintos platos. Sandra, sentada al lado de Lucho, participaba de la amable charla y su espíritu se tranquilizaba ante la natural aceptación que leía en los rostros de quienes la rodeaban. Luciano se volvía a intervalos hacia ella y le deslizaba en voz baja palabras de amor que la hacían resplandecer. Romina los miraba rememorando la emoción de los primeros encuentros con Mike. El júbilo la embargó al ver a su amiga y a su hermano tan encandilados. El semblante sereno y atractivo de Lucho se iluminaba cada vez que se dirigía a Sandra. Leonor, flanqueada por Braulio, comentó con Luisa y Rafael:
-No habrá otro cumpleaños más memorable que éste. No he tenido hijos ni sobrinos, de modo que puedo confesar que Lucho, por su carácter y hombría de bien, ha sustituido esta falencia. Con el permiso de ustedes, desde luego -agregó con una sonrisa:- Verlo enamorado y correspondido y que ese desenlace se haya perfeccionado en mi casa, es el mejor regalo que podría recibir.
-Y para mí un alivio -jaraneó el padre para atenuar la solemnidad de la declaración.- No sabés lo que es soportar las zozobras de este varón inseguro de su atractivo. Ahora, por su reconocida discreción, dejará de calentarme las orejas.
-¡Rafael! -riñó Luisa sofocada.- No pretenderás que Lucho te cuente sus intimidades.
-Ya sé que no, mujer. Pero sería más entretenido que escuchar sus cuitas.
Ella movió la cabeza a modo de censura, lo que provocó una sonrisa por parte de Braulio y de Leonor. La dueña de casa desvió la atención hacia la pareja de Romina:
-También vuestra niña se muestra muy feliz con su novio. ¿Cómo lo conoció?
-De comedida -suspiró Luisa.- Estaba con Sandra en una confitería y acudió en auxilio de dos yanquis que no entendían el castellano. Uno era Mike, que inmediatamente abandonó a su compañero de viaje para quedarse en Rosario.
-Reacción típica de un varón flechado -rió Leonor.- Hay que admitir que Michael tiene un carácter decidido, buen pronóstico para un compañero de vida.
-Es lo que me temo -asintió Rafael.- Presumo que su intención es llavársela con él. Y si antes me escocía la idea de que mis hijos salieran juntos de casa para formar su propia familia, no quiero imaginar lo que será tener a Romina tan lejos.
-No te mortifiques, querido -pidió Luisa oprimiendo su mano.- Nuestra Romi es joven pero capaz de tomar sus propias decisiones. Admito que está enamorada, pero no obnubilada. No resolverá su futuro por instinto. Creo que Mike tendrá que demostrarle que no sólo está fascinado por ella sino que tiene un proyecto de vida en común.
Prestaron atención a los primeros compases musicales que señalaba el intermedio entre los platos principales y el postre. La melodía vivaz invitaba a bailar a los comensales. Varias parejas se levantaron para moverse en la pista preparada al costado de las mesas. Sandra, sonriente, se acercó a Rafael:
-Vengo a recordarte una promesa -le dijo tendiéndole la mano.
El hombre la miró por un momento con desconcierto. Después, se rió francamente y se dejó llevar por la hermosa muchacha hasta donde se agitaban los bailarines. Lucho, que la escoltaba, invitó a Leonor y Braulio hizo otro tanto con Luisa. Romina bailaba con Mike y no pudo contener la risa al mirar a su padre que se movía desmañadamente pero con gracia, intentando imitar los desplazamientos de Sandra. Leonor y Braulio habían capitulado dejando a Luisa y a su hijo aparejados, y cuando los temas fueron bajando en intensidad hasta renovarse en una lenta melodía, Lucho se acercó al dúo conformado por su padre y su amada para cambiar de pareja:
-Mamá, aprovechá esta oportunidad para franelear un poco con papá -le susurró con una sonrisa pícara y la empujó hacia Rafael mientras él recuperaba a Sandra.
Pasó los brazos alrededor de la cintura de la joven y perdió su mirada en la de ella mientras el mundo desaparecía a su alrededor.
-Mi vida… -dijo bajito.- ¿Cómo pude vivir todo este tiempo sin tu presencia? Soy un todo que te ansía permanentemente. Quiero saturarme de tu voz, tu perfume, tu cuerpo… -la ciñó más estrechamente enardecido por la sonrisa de aceptación de la muchacha.
Sandra se abandonó a las palabras y la tibieza del cuerpo de Lucho, embargada por una plenitud que clausuraba las dolorosas sensaciones de desamparo de su adolescencia. Este hombre, al que amaba y le correspondía, era su pasaporte a un futuro colmado de proyectos que hasta hacía poco negaba. Rodeó con los brazos la espalda de Luciano mientras su cabeza se alojaba bajo la barbilla masculina. Él sólo se permitió besar la suave mejilla para no extraviarse en una caricia impropia a la exposición pública.