Sandra entreabrió
la puerta del dormitorio que compartía con Romina y la vio delante del tocador
a punto de maquillarse. Estaba deslumbrante con su vestido blanco con arabescos
negros. La falda asimétrica rozaba sus sandalias de alto tacón y descubría a
los costados buena parte de sus esbeltas piernas. Se miraron a través del
espejo. Romi, sin volverse, casi suplicó:
-Decime que no te
defraudó y que es el amor de tu vida…
Sandra se acercó
a su amiga y le sonrió a la imagen reflejada.
-Todo eso y mucho
más. ¿Conforme? -declaró con cariño.
Romina se volvió
y la encerró en un abrazo impetuoso. Ella emitió una risa dichosa y ocultó su
cara arrebolada en el hombro de la hermana de Luciano. Se apartaron con los
ojos brillantes de alegría.
-No podría ambicionar
mejor compañera para Lucho porque te conozco y lo conozco. ¡No sabés cuánto
deseaba que congeniaran!
-Bueno. Es sólo
un comienzo, Romi. Vivamos el presente, ¿sí?
-Sí, querida
desconfiada. No te incomodo más. Ponete tu hermoso vestido así le quemás
definitivamente los sesos a mi hermano.
-¿Esa es una
muestra de amor fraternal? -ironizó Sandra.
-Es el golpe
definitivo para ser inolvidable. Porque no soportaría otra cuñada que no fueras
vos -gimoteó Romina.
-¡Romi…! -rió Sandra.- Sos una chiflada. Admitiendo tu
hipótesis, otro que se va a quemar los sesos cuando te vea con esta ropa es
Mike.
-Es lo que
pretendo, amiga. -Y agregó con tonito guasón:- Supongo que ya estás bañada…
-Así es -contestó
Sandra sin inmutarse.- Me voy a cambiar.
Se despojó de las
prendas que traía puestas, eligió una pequeña bombacha de encaje negro y sacó el vestido de la caja. Cuando terminó de
ajustarlo al cuerpo, se observó en el cristal de la cómoda con detenimiento.
Sus brazos y piernas ostentaban los arañazos y moretones productos del escape
del día anterior. Los disimuló con un poco de maquillaje y terminó el arreglo
coloreando levemente sus labios. Se perfumó y le solicitó a Romi:
-Ahora tendrás
que prestarme alguna pulsera para completar mi atuendo.
Su amiga abrió un
estuche y sacó un brazalete dorado con flores de strass.
-Creo que es el
complemento ideal para tu vestido -dijo tendiéndoselo.
Sandra lo ajustó
a su antebrazo y coincidió con la apreciación de Romina, quien le ofreció la
tobillera con el mismo diseño. Ella sonrió y levantó la pierna para que Romi la
colocara alrededor de su tobillo. Se echó una última mirada y pensó que bien
podía presumir de ser una princesa exótica con esa vestimenta.
-Estás
arrebatadora -dijo su amiga con entusiasmo.
Un golpe en la
puerta interrumpió el intercambio. Eran Luisa y Leonor que venían a buscarlas.
Las mujeres, vestidas con elegancia, miraron con beneplácito a las dos bellas
jóvenes. Ambas las saludaron con un beso y la cumpleañera acotó:
-Abajo hay dos
hombres impacientes que están esperando a sus novias. Será mejor que bajen y
les calmen la ansiedad.
Las chicas
asintieron risueñas. Sandra la empujó a Romina.
-Bajá vos primera
-le pidió.
Romi le dedicó
una mirada burlona y arrancó hacia la puerta. Al llegar a lo alto de la escalera
pudieron ver a Mike y Luciano, trajeados y en actitud expectante. Rafael,
Braulio y algunos invitados conversaban en el salón. Cuando Romina comenzó a
bajar, el rostro de Michael se iluminó. Lucho sonrió a su hermana pero sus ojos
se dispararon en busca de Sandra. Miró deslumbrado a la bella mujer que bajaba
detrás de Romi con el porte de una reina. Es
mía. Hace unas horas nos amamos y la tuve gritando de placer entre mis brazos.
No puedo ya pensar la vida sin ella, sin besarla, sin entrar dentro de su
exquisito cuerpo. Me la llevaría a mi casa ahora mismo. Será tan larga la
noche… Se adelantó al pie de la escalera para ofrecerle su mano cuando
bajaba los últimos peldaños. Se miraron con la complicidad de la pasión
compartida y no resistieron el deseo de acercarse. Luciano la atrajo hacia su
cuerpo y la abrazó y besó con suavidad.
-Estás para
comerte… -le susurró bajamente.- Se me va a hacer eterno el momento de estar a
solas.
Sandra rió
estremecida y se separó del cuerpo del hombre conciente de ser el centro de las
miradas. Aún se sonrojaba delante de aquellos que -presumía- imaginaban el
voluptuoso contacto que tenía con Luciano. Y
eso es porque vos lo deseás tanto como él. Lo que te avergüenza es la lujuria
de tu pensamiento, el recuerdo de sus caricias y de tu cuerpo desnudo
respondiendo con excitación a su reclamo. Y la innegable sintonía con el ansia
recién expresada de volver a estar a solas. ¿Cuándo vas a crecer y deponer los
viejos tabúes que tan sabiamente te transmitió tu madre? ¡Ja! Haz lo que yo
digo y no lo que yo hago. Vos sí, mamita, que no te privaste del sexo. Aún a
costa de exponer a tu hijita al apetito de tus amantes. Pero fuiste buena
maestra, porque me colmaste de tantas aprensiones que fui la mejor guardiana de
mi cuerpo. Sí. Creo que algo te debo agradecer. El que rechazara a los
candidatos inadecuados para aguardar a este hombre que colma todas mis
expectativas.
-De nuevo te
fuiste, mi vida -la voz acariciadora de Lucho la volvió a la realidad.- No te pierdas lejos de mí que quiero
acompañarte adonde vayas.
Ella miró el
rostro querido, conmocionada por su sensibilidad. Levantó la mano para
acariciarle la mejilla y musitó:
-Estaba con vos
en la cabaña…
El hombre atrapó
su diestra para besarla y sus ojos la inundaron de promesas apasionadas.
Luciano retomó el control para no desdibujar el festejo de Leonor. Apoyó la
mano de Sandra sobre su antebrazo y ofreció el otro a la homenajeada:
-Esta noche no
voy a permitir que me disputen el honor de escoltar a tan encantadoras damas
-declaró con una sonrisa seductora y abrió la marcha hacia el patio engalanado
para el festejo.
Sus padres,
Braulio, Romina con Mike, y los demás ocupantes de la estancia los siguieron y
se acomodaron en los sitios designados para cada uno. Con la mesa principal completa,
comenzaron a servir los distintos platos. Sandra, sentada al lado de Lucho,
participaba de la amable charla y su espíritu se tranquilizaba ante la natural
aceptación que leía en los rostros de quienes la rodeaban. Luciano se volvía a
intervalos hacia ella y le deslizaba en voz baja palabras de amor que la hacían
resplandecer. Romina los miraba rememorando la emoción de los primeros
encuentros con Mike. El júbilo la embargó al ver a su amiga y a su hermano tan encandilados.
El semblante sereno y atractivo de Lucho se iluminaba cada vez que se dirigía a
Sandra. Leonor, flanqueada por Braulio, comentó con Luisa y Rafael:
-No habrá otro
cumpleaños más memorable que éste. No he tenido hijos ni sobrinos, de modo que
puedo confesar que Lucho, por su carácter y hombría de bien, ha sustituido esta
falencia. Con el permiso de ustedes, desde luego -agregó con una sonrisa:-
Verlo enamorado y correspondido y que ese desenlace se haya perfeccionado en mi
casa, es el mejor regalo que podría recibir.
-Y para mí un alivio
-jaraneó el padre para atenuar la solemnidad de la declaración.- No sabés lo
que es soportar las zozobras de este varón inseguro de su atractivo. Ahora, por
su reconocida discreción, dejará de calentarme las orejas.
-¡Rafael! -riñó
Luisa sofocada.- No pretenderás que Lucho te cuente sus intimidades.
-Ya sé que no,
mujer. Pero sería más entretenido que escuchar sus cuitas.
Ella movió la
cabeza a modo de censura, lo que provocó una sonrisa por parte de Braulio y de
Leonor. La dueña de casa desvió la atención hacia la pareja de Romina:
-También vuestra
niña se muestra muy feliz con su novio. ¿Cómo lo conoció?
-De comedida
-suspiró Luisa.- Estaba con Sandra en una confitería y acudió en auxilio de dos
yanquis que no entendían el castellano. Uno era Mike, que inmediatamente
abandonó a su compañero de viaje para quedarse en Rosario.
-Reacción típica
de un varón flechado -rió Leonor.- Hay que admitir que Michael tiene un
carácter decidido, buen pronóstico para un compañero de vida.
-Es lo que me
temo -asintió Rafael.- Presumo que su intención es llavársela con él. Y si
antes me escocía la idea de que mis hijos salieran juntos de casa para formar
su propia familia, no quiero imaginar lo que será tener a Romina tan lejos.
-No te
mortifiques, querido -pidió Luisa oprimiendo su mano.- Nuestra Romi es joven
pero capaz de tomar sus propias decisiones. Admito que está enamorada, pero no
obnubilada. No resolverá su futuro por instinto. Creo que Mike tendrá que
demostrarle que no sólo está fascinado por ella sino que tiene un proyecto de
vida en común.
Prestaron
atención a los primeros compases musicales que señalaba el intermedio entre los
platos principales y el postre. La melodía vivaz invitaba a bailar a los
comensales. Varias parejas se levantaron para moverse en la pista preparada al
costado de las mesas. Sandra, sonriente, se acercó a Rafael:
-Vengo a
recordarte una promesa -le dijo tendiéndole la mano.
El hombre la miró
por un momento con desconcierto. Después, se rió francamente y se dejó llevar
por la hermosa muchacha hasta donde se agitaban los bailarines. Lucho, que la
escoltaba, invitó a Leonor y Braulio hizo otro tanto con Luisa. Romina bailaba
con Mike y no pudo contener la risa al mirar a su padre que se movía
desmañadamente pero con gracia, intentando imitar los desplazamientos de
Sandra. Leonor y Braulio habían capitulado dejando a Luisa y a su hijo
aparejados, y cuando los temas fueron bajando en intensidad hasta renovarse en
una lenta melodía, Lucho se acercó al dúo conformado por su padre y su amada para
cambiar de pareja:
-Mamá, aprovechá
esta oportunidad para franelear un poco con papá -le susurró con una sonrisa
pícara y la empujó hacia Rafael mientras él recuperaba a Sandra.
Pasó los brazos
alrededor de la cintura de la joven y perdió su mirada en la de ella mientras
el mundo desaparecía a su alrededor.
-Mi vida… -dijo
bajito.- ¿Cómo pude vivir todo este tiempo sin tu presencia? Soy un todo que te
ansía permanentemente. Quiero saturarme de tu voz, tu perfume, tu cuerpo… -la
ciñó más estrechamente enardecido por la sonrisa de aceptación de la muchacha.
Sandra se
abandonó a las palabras y la tibieza del cuerpo de Lucho, embargada por una
plenitud que clausuraba las dolorosas sensaciones de desamparo de su
adolescencia. Este hombre, al que amaba y le correspondía, era su pasaporte a
un futuro colmado de proyectos que hasta hacía poco negaba. Rodeó con los
brazos la espalda de Luciano mientras su cabeza se alojaba bajo la barbilla
masculina. Él sólo se permitió besar la suave mejilla para no extraviarse en
una caricia impropia a la exposición pública.

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